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El hombre mujeriego no busca mujeres: busca a mamá


Desde la mirada de las constelaciones familiares, el hombre mujeriego no se interpreta únicamente como alguien que evita el compromiso o carece de valores. su conducta suele ser la expresión visible de un desorden profundo en el vínculo primario con la madre.


cuando se observa sistémicamente, muchas veces no estamos frente a un hombre que busca placer, conquista o validación, sino frente a un niño interno que sigue buscando a mamá, sin saberlo.


la búsqueda inconsciente de la madre


la mirada sistémica sugiere que, en muchos casos, el hombre que busca múltiples mujeres está intentando reencontrar a su madre de manera inconsciente.


esto ocurre especialmente cuando hubo un movimiento de amor interrumpido en la infancia:

una separación física o emocional temprana con la madre causada por ausencia afectiva, enfermedad, depresión, rechazo, duelo, sobrecarga materna o una independencia prematura forzada.


el niño no pudo completar el movimiento natural de ir hacia la madre y tomarla plenamente.

queda entonces una carencia afectiva estructural, un hambre que no se nombra, pero que dirige la vida adulta.


ese vacío no se resuelve con el tiempo.

se desplaza.


la conquista como intento de reparación


en la adultez, ese intento inconsciente de reparación aparece como:

búsqueda constante de nuevas mujeres

seducción intensa como forma de llamar a la madre ausente

necesidad de ser visto, elegido y confirmado

huida cuando el vínculo se vuelve íntimo

imposibilidad de sostener una relación estable


cada mujer representa simbólicamente una nueva oportunidad de recibir aquello que faltó: presencia, contención, mirada, nutrición emocional.

pero aquí aparece el núcleo del problema sistémico.


la sustitución imposible


desde las constelaciones familiares, ninguna pareja puede sustituir el amor y la nutrición que solo una madre puede dar.

cuando el hombre intenta tomar de una mujer lo que no pudo tomar de su madre, se produce una confusión de lugares:

la mujer es empujada, inconscientemente, al rol materno.

como esa sustitución es imposible, la experiencia siempre deja insatisfacción.

entonces el hombre pasa rápidamente a la siguiente mujer, no porque no quiera amar, sino porque nunca encuentra lo que realmente está buscando.


el ciclo se repite:

expectativa inconsciente → decepción → huida → nueva conquista.


el problema no es la mujer, es el orden


cuando un hombre busca a su madre en la pareja, se invierte la jerarquía del sistema:

le pide a la mujer algo que solo puede venir de arriba, no de lado.

ningún vínculo de pareja puede sostenerse cuando uno de los dos es cargado con una función que no le corresponde.

por eso el vínculo fracasa una y otra vez.


el movimiento que libera


la sanación sistémica ocurre cuando el hombre puede volver internamente a su lugar de hijo, mirar a su madre tal como es, y completar el movimiento interrumpido diciendo:


mamá, tú eres la grande.

yo tomo de ti.

eso fue suficiente.


cuando este movimiento se integra:


la compulsión se relaja

la mujer deja de ser un intento de reparación

La seducción deja de ser una urgencia

y la pareja puede, por fin, ocupar su lugar real


frase integradora


mamá, tomo lo que me faltó

y ahora miro a la mujer como mujer.


 
 
 

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