Lo dije por enojo...
- Klaux Reyes

- 15 ene
- 2 Min. de lectura
¿Por qué decimos cosas hirientes a una persona con la que nos enojamos? Y luego decimos "no lo quise decir, lo dije por enojo"
Cuando alguien dice algo hiriente en medio del enojo y después intenta “desresponsabilizarse” con el “no lo siento, lo dije por enojo”, hay varios procesos inconscientes en juego:
1. En el enojo cae la censura
El Yo normalmente censura y filtra lo que pensamos para mantener los vínculos.
Pero cuando se activa la agresividad, esa barrera baja y aparecen contenidos inconscientes que ya estaban ahí, solo que disfrazados o reprimidos.
Por eso Freud decía que la hostilidad es más originaria que el amor: el amor la cubre, pero no la elimina.
2. El reproche revela un deseo o resentimiento reprimido
Lo que se dice en un momento de furia suele ser más auténtico que lo que se dice en calma, no porque sea “la verdad absoluta”, sino porque se cuela lo reprimido:
viejos rencores,
envidias o celos,
frustración acumulada,
deseos contradictorios,
agresividad reprimida.
3. El “no lo siento” es una defensa
Cuando después viene el “no lo dije en serio”, hay un movimiento defensivo para no hacerse cargo de la agresión ni del deseo inconsciente que se manifestó.
Puede ser:
Represión (“no fui yo”).
Desmentida (“no pasó”).
Atenuación de la culpa (“fue el enojo, no yo”).
En el fondo, el sujeto sí quiso decirlo… pero no quiere aceptar que lo quiso.
4. La función del enojo como vía de descarga pulsional
El enojo permite que la agresividad —normalmente inhibida— encuentre una salida.
Por eso Lacan diría que el insulto es un acto de goce, no solo de comunicación: ahí alguien descarga algo que tenía dirigido al otro desde hace tiempo.
Entonces…
No es que no lo sintiera:
es que no quería aceptar que sí lo sentía.
En Psicoanálisis, el enojo no “inventa” nada: solo revela lo que ya estaba pero no podía decirse sin ruptura.






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